En busca de leones en Niokolo Koba

Nos levantamos por la mañana temprano y nos dirigimos a la estación de autobuses de Tambacounda, es decir, al garage. Allí conseguimos un taxi particular hasta Dar Salam, que es una de las principales entradas del parque Niokolo Koba. Nos fue imposible llegar hasta allí en sept-place porque nos hacían pagar el recorrido completo desde Tambacounda hasta Kedougou y nosotros solamente íbamos a hacer la mitad del camino.

Llegamos a la hora de comer al campamento que se encuentra en la entrada del parque y, por suerte, todavía quedaba un 4×4 disponible así que reservamos una excursión para la tarde. Todavía no habíamos comido así que nos prepararon una tortilla francesa con un poco de pan y cuando lo acabamos emprendimos el camino.

Entrada del parque Niokolo Koba
Entrada del parque Niokolo Koba
Empieza la excursión en 4x4 por el parque Niokolo Koba
Empieza la excursión en 4×4 por el parque Niokolo Koba

El parque nacional de Niokolo Koba es una de las áreas protegidas más importantes de Senegal. Ocupa en total 913 hectáreas y supone uno de los atractivos naturales más bellos del país. En 1981 la UNESCO declaró este enclave Patrimonio de la Humanidad y desde entonces se trata de una reserva natural protegida. La fauna del lugar no es ni mucho menos tan abundante como la que podemos encontrar en los parques de Kenia o Tanzania, sin embargo, solamente por los paisajes ofrecidos por esta reserva el parque Niokolo Koba merece una visita.

El 4×4 en el que hicimos la excursión era uno de los típicos coches de safari por lo que pudimos disfrutar de un poco de aire durante el camino. El trayecto lo hicimos acompañados de un chofer y un guía, que era el único capaz de ver cualquier animal. Cuando tenía la más mínima sospecha de haber visto algo daba varios golpes al techo del coche y así era cómo avisaba al conductor de que tenía que parar. Fue una excursión preciosa, sobre todo por los paisajes de vivos colores. En algunas zonas, la vegetación estaba muy alta y eso dificultaba el poder ver animales pero, por otro lado, tanta frondosidad suponía un exuberante espectáculo.

Reserva Natural Niokolo Koba 
Reserva Natural Niokolo Koba
Nuestro 4x4 dentro del Niokolo Koba
Nuestro 4×4 dentro del Niokolo Koba
Un antílope en el parque Niokolo Koba
Un antílope en el parque Niokolo Koba

Aun con todo, pudimos ver diferentes monos, facóqueros, iguanas, varios antílopes y hasta una huella de león. También paramos en varias zonas de avistamiento para probar suerte con los cocodrilos e hipopótamos pero ya nos habían advertido que en esa época del año era muy difícil así que tuvimos que conformarnos con las vistas. El 4×4 era totalmente necesario, pues los caminos estaban llenos de socavones y charcos. De hecho, al final de la excursión el mareo es casi inevitable. Volvimos al campamento llenos de polvo y muy satisfechos aunque todavía con los ojos bien abiertos por si se nos cruzaba un león.

 

Zona de avistamiento Niokolo Koba
Zona de avistamiento Niokolo Koba
Paisaje desde la zona de avistamiento
Paisaje desde la zona de avistamiento
Como si no hubiera leones en el Niokolo Koba
Como si no hubiera leones en el Niokolo Koba

En el campamento de Dar Salam nos encontramos con unos chicos catalanes que habían formado una pequeña cooperativa en el país. Compartimos unas cervezas y nos contaron su historia. La primera vez que pusieron un pie en Senegal lo hicieron como voluntarios de una asociación benéfica. El problema fue que ésta resultó ser una completa estafa y se vieron solos y sin apenas dinero en un país que desconocían. Por suerte, encontraron a Alpha, un simpático senegalés que les acogió en su casa y les ayudó en todo lo que pudo. «Estuvimos comiendo arroz durante un mes», bromeaban los chicos. Ellos, muy agradecidos, acabaron formando su propia ONG a la que llamaron Papá Alpha. Nos explicaron que el año pasado habían conseguido traer 26 voluntarios al país y que Senegal se había convertido ya en su segunda casa. De hecho, fueron ellos los que nos dieron el contacto del guía que nos acompañaría por el País Bassari.

También coincidimos con un matrimonio que venía a conocer el hospital y el colegio a los que destinaba dinero la ONG con la que colaboraban. Esta pareja iba con un guía local que tenía un cachorrito al que llamaban Tamba. Pasamos un agradable rato con ellos después de cenar. Él nos explicó que las pastillas para prevenir la malaria le habían provocado insomnio y por eso su guía le había recomendado fumar hierba antes de ir a dormir. Parecía que el remedio propuesto le dio buenos resultados pues ahora  dormía sin ningún tipo de problema.

Nuestra cabaña en el campamento Dar Salam
Nuestra cabaña en el campamento Dar Salam
El interior de la cabaña de Dar Salam
El interior de la cabaña de Dar Salam
La ducha del Campamento Dar Salam - El agua viene directamente de un pozo
La ducha del Campamento Dar Salam – El agua viene directamente de un pozo

Se estaba haciendo tarde así que nos acostamos en la cabaña que nos habían asignado. El problema era que hacía un calor insoportable y además el pequeño Tamba no dejaba de ladrar. A media noche me levanté sudada por completo y pegada a las sábanas y mosquitera. Sin pensármelo dos veces, me metí en la «ducha» y me tiré un cubo de agua fría por encima. Carlos no estaba en su cama así que decidí salir de la cabaña para ver si lo encontraba. Lo hice rápidamente, estaba en medio del campamento, durmiendo a la intemperie en un colchón. Había decidido salir porque no aguantaba el calor y uno de los dueños del campamento le montó una cama provisional bajo las estrellas.

Volví a la cabaña y a los cinco minutos empezó a soplar una suave brisa. «Qué bien, por fin refresca», pensé yo. Ese airecillo enseguida se incrementó y al poco rato casi se podía decir que hacía frío. Además, yo todavía estaba mojada por el cubo de agua. El ligero soplo de aire se transformó rápidamente en vientos huracanados y empezó la lluvia. Carlos no tardó en entrar en la cabaña, empapado y arrastrando el colchón. Yo estaba helada y no podía dejar de reír. Cuando parecía que todo estaba ya bajo control, empezaron las goteras sobre la cama, por lo que tuvimos que adoptar una postura estratégica para no acabar mojados otra vez. Cuando por fin pudimos controlar la risa, el sueño pudo con nosotros pero antes pensamos: mañana dormimos en un hotel.

 

 

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