De Kashan a Isfahan en taxi: de los verdes jardines de Fin al encantador pueblo de adobe de Abyaneh

Nuestro segundo día en Kashan lo dedicamos a ver los distintos puntos de interés que se encuentran más alejados de la ciudad. Para ello, hemos contratado un taxista que por unos 50 dólares nos llevará hasta Isfahán realizando una serie de paradas en el camino. Los jardines de Fin son la primera visita del día. Se trata de unos jardines de modesto tamaño frecuentados por decenas de familias iranís. Sus fuentes y sistema de canalización del agua es uno de los atractivos del lugar. Asimismo, los jardines de Fin cuentan con un pabellón central abovedado que se alza sobre los canales de agua proporcionando unas bonitas vistas. Prepárate para hacerte muchas fotos con las distintas familias iranís que, nada más detectar que vienes de fuera, querrán inmortalizar este momento junto a ti. Los palos selfis, los móviles y las cámaras serán los verdaderos protagonistas de esta parada.

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Jardines de Fin
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Jardines de Fin

Aunque no todo es alegría en este lugar, pues estos jardines también guardan un oscuro pasado. Fue en el pequeño hamam de este recinto donde fue asesinado el ministro Amir Kabir en el año 1852. El ministro debía reunirse con el shah para reconciliarse y así volver a tener el favor real después de su destitución; lo que él no sospechaba es que era todo un complot organizado por la corte para acabar con su vida.

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Jardines de Fin
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Jardines de Fin

No son los mejores jardines de Persia, pero sí que vale la pena darse una vuelta por el lugar y charlar con sus gentes. Volvemos al taxi y nuestro conductor, que guarda una libreta con los diferentes pasajeros que ha llevado y un amable comentario, se pone en marcha hacia nuestro próximo destino: Abyaneh.

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Pueblo de Abyaneh
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Pueblo de Abyaneh

Abyaneh es un pequeño y encantador pueblo de montaña que se caracteriza por sus de casas de adobe. Está situado al sureste de Kashan a 2.500 metros de altitud y a él solamente podrás acceder en coche o taxi. El pueblo de Abyaneh es una parada obligatoria y única. La simplicidad de sus construcciones y los colores cálidos de este emplazamiento hacen que el pueblo en sí se funda en total harmonía con la montaña sobre la que se encuentra. Abyaneh fue hasta la llegada de la dinastía Safavida un pintoresco pueblo zoroástrico. Sin embargo, la intolerancia de estos últimos provocó la marcha de la comunidad zoroástrica a la India. Hoy en día este pueblo se nos presenta en calma y con poca actividad. Subiendo la montaña y escondiéndose al llegar a la cima, un hombre de mediana edad estira con paciencia de un burro. Qué tranquilidad. “Este pueblo de arcilla es realmente de foto de postal”, pienso en silencio al perder de vista al hombre que camina bajo el sol y junto al asno.

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Pueblo de Abyaneh
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Pueblo de Abyaneh

Nuestro camino continúa durante casi 2 horas hasta la que será la última parada antes de llegar a Isfahan, la ciudad que tiene fama de ser la más hermosa de todo Irán. Antes de eso haremos una breve parada en Natanz. El camino hasta allí está repleto de bases militares antiaéreas cuya finalidad es proteger las instalaciones nucleares situadas en los alrededores. Incluso se pueden ver algunos tanques desde la carretera. Al llegar a Natanz paramos frente a la mezquita de Masjed-e Jame, un templo de especial importancia sufí. Casi a sus puertas nuestro conductor abre una deliciosa sandía y la comparte amablemente con nosotros.

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Mezquita de Masjed-e Jame en Natanz
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Mezquita de Masjed-e Jame en Natanz

Mientras descansamos conocemos a una simpática iraní que habla castellano a la perfección. Es de Isfahán y se ofrece a ayudarnos enseguida. Ha estudiado filología española y ahora trabaja como guía turística. Entre sonrisa y sonrisa nos da su número de teléfono y nos explica que ha estado en España y que también conoce Mallorca. Al final acabamos hablando del desconocimiento que se tiene desde fuera sobre Irán y de todos los prejuicios a los que se enfrentan sus habitantes. No obstante, unos pocos días en este hospitalario y bello país son suficientes para que cualquiera cambie de opinión y se dé cuenta de que superar el miedo a lo desconocido es tan sorprendente como enriquecedor.

Volvemos a subir al taxi sabiendo que cuando volvamos a poner los pies sobre tierra estaremos ya en la hermosa ciudad de Isfahan.

 

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