Las terrazas de arroz de Banaue

A unos 300 kmal norte de Manila, la capital filipina, se encuentra Banaue, un pueblo famoso por sus bellas terrazas de arroz.

La plaza del pueblo está llena de los típicos trasportes filipinos: jeepnys y triciclos, que esperan a los pocos turistas que hay en Banaue para poder llevarlos a visitar los campos donde cultivan el arroz. El pueblo es pequeño, las casas están construidas de cualquier manera, no parece que los habitantes de Banaue dispongan de muchas comodidades. Los perros descansan tumbados en las calles y las gallinas revolotean entre las casas. Hay una canasta de baloncesto vieja y oxidada, que nadie parece utilizar.

Triciclos en las calles de Banaue, ADRIANA NOVO

Nos dirigimos a los campos de arroz en jeepny. El camino es peligroso porque cuando llueve se producen desprendimientos de tierra. “La semana pasada murieron aquí dos trabajadores que estaban construyendo la carretera”, explicaba el conductor. Finalmente, después de muchos baches y curvas, llegamos.

La primera vez en mi vida que vi un campo de arroz pensé: “Vaya césped más verde”. Y es que es tienen un color tan vivo que sorprende a la vista. Es un paisaje que desprende energía.

El guía nos cuenta que están apunto de recolectar el cereal. Hay un largo paseo entre los campos. Vamos viendo algún trabajador, muchos de ellos tienen la boca teñida de rojo. “Es sangre”, pensé. Pero lo que realmente era es Betel. La nuez de Betel es un tipo de droga que se consume a menudo en Asia, se utiliza igual que el tabaco en occidente y deja la boca del que lo mastica de color rojo. Bajamos muchos escalones y pasamos por pequeños pueblecitos, incluso por un colegio donde niños muy pequeños juegan en el patio. Al final de nuestro recorrido hay una cascada que rompe con fuerza contra la roca.

Cascada final, ADRIANA NOVO

A la vuelta empieza a llover débilmente, pero con el calor que hace incluso se agradece. Nos encontramos unas australianas por el camino, simpáticas y extrovertidas, que están haciendo un voluntariado. Cuando cesa de llover volvemos a subir al jeepny y regresamos al pueblo a cenar. Cenamos observando las terrazas de arroz.

Campos de arroz, ADRIANA NOVO

 

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